Tomás Eloy Martínez responde hacia dónde va el periodismo…

Tomás Eloy Martínez es un escritor y periodista argentino. Siempre ha demostrado un gran interés por la historia de su país, y por los mitos de la política que encierra. Su obra es una radiografía de ello. Pero para poder descifrar y comprender esa historia; la investigación, la perseverancia y la forma de contar son elementos característicos de su filosofía y de la manera en que él hace periodismo.

Un ejemplo es el tiempo que dedicó para construir su obra “La novela de Perón”. Durante diez años recopiló todo tipo de información: documentos, cartas, voces de testigos, páginas de diarios y fotografías. Esto demuestra la complejidad que implica escribir, pero no de cualquier modo sino una escritura bella, veraz y completa.

Esto es lo que quiere transmitir Tomás: ser un espejo de los periodistas que estamos en permanente proceso de construcción, y saber a que tipo de manos oscuras nos enfrentamos en este oficio.

Cuando me refiero a manos oscuras, estoy señalando a todas aquellas personas que por intereses personales ingresan en el mundo de los medios y la información, no para realizar un servicio a la sociedad, si no para vender un producto. Esas personas o empresarios no tienen ni el más mínimo interés por informar bien, pues como dice Tomás: “Informar bien cuesta mucho dinero”

Y si no se informa bien, ¿qué procesos van a dirigir la función del periodismo? los procesos de corrupción de las sociedades mal informadas, que las transforma en ignorantes y más fáciles de manipular. Los escándalos, el poder, las ventas de historias falsas; y todo esto porque el periodismo se ha dejado de ejercitar con el juicio y la disciplina con que se hacía a finales de los cincuenta.

La falsa información es vendida para el enriquecimiento de unos cuántos, sin importar los daños sociales que pueda generar, y esa información está marcada por amarillismos, sensacionalismos, escándalos, que de algún modo atraen a las personas. Ese es el mundo de los negocios, ese mismo que está sepultando el periodismo responsable, honesto, limpio e investigativo.

La tarea fundamental es no dejar morir ese periodismo. Esas narraciones e investigaciones brillantes que pueden dar a luz un periodismo lúcido, sin ataduras. Un periodismo que proporcione tiempo y recursos para producir textos completos, con detalles, en donde se diga todo y nada quede en el olvido.

De esta manera, el periodismo sería una de las más fuertes fuentes de conocimiento. Sería el periodismo que Tomás se encontró en Uruguay cuando tenía 18 de años: «Un abrevadero de conocimientos, los dadores de sangre intelectual”, y ayudarían al hombre a buscar alternativas de vida más justas, por el hecho de que la sociedad se daría cuenta de sus crudas realidades y tendrían los suficientes criterios para denunciar y construir. Las personas bien informadas escaparían de la amnesia que les brinda el mundo de las propagandas, del entretenimiento, de los productos, del plástico.

Estos procesos periodísticos deben ser llevados con mucha inteligencia, puesto que siempre habrá enemigos que juzgarán, destruirán y matarán. Es por esto que Tomás nos aconseja que nuestro nombre y nuestra firma deben ser cuidados, y que nunca se deben poner a la venta, porque de un momento a otro la reputación del periodista se esfuma y su credibilidad en el medio nunca será confiable. El periodista pierde lo más valioso que tiene: su nombre y su firma.

Para finalizar, quisiera citar un punto del resumen que le compartió el jefe de redacción a Tomás, un día después de haber dado una charla a los redactores del diario La Nación de Buenos Aires, luego de tres años de su reintegro a ese mismo periódico en 1996, y que simplemente resume hacia dónde y qué camino debe tomar el periodismo actual con la ayuda de los jóvenes en proceso de formación y de los que trabajan en este oficio:

“Recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un
acto de servicio. El periodismo es ponerse en el
lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, ser otro.”

ESTA ES LA ENSEÑANZA FUNDAMENTAL.

Acerca de una rosa para Emily de William Faulkner

Acerca de una rosa para Emily es la descripción a grandes rasgos de cómo el autor elaboró una idea o imagen mental, cómo lo expresa él en lo referente a la composición de un relato, para descubrir una historia que recreaba la concepción humana de vivir en estados trágicos y frustrados, combinados con acciones típicas del hombre como el asesinato y la siempre imagen fuerte que nos produce la muerte.

En primera instancia, el autor revela, en una primera entrevista, el interés por narrar manifestaciones de las personas cargadas de tristeza y tragedia, y a la vez tener la capacidad de poder narrar sin involucrarse en la naturalidad de la pobreza y la frustración humana. Es decir, poder apartarse del comportamiento y de los sentimientos y poderlos trasmitir de una manera sensata y cruel, como lo hace W. Faulkner en dicho cuento.

Resalta el prominente rol de la imaginación en la construcción del relato, pero sin dejar de aclarar que determinadas condiciones que están en el cuento son simplemente elementos que ya estaban allí y que, también, resultan relevantes para la consecución de la narración. Por otro lado, enfoca su modo de escribir en un hacer sin intención. Simplemente escribir sobre las personas, las relaciones que se entretejen en sus corazones y las acciones a las cuales pueden llegar.

En un segundo momento, el texto nos presenta una segunda entrevista realizada en Nueva York en 1956. Son palabras de Faulkner que nos dan pistas de su modo de ver y estar en el mundo, ligado enteramente con la escritura. Empieza con la individualidad del escritor, que define como un protocolo donde alguien en algún momento determinado e histórico, escribió o escribirá sobre temas de los cuales ya se ha hecho apología cientos de ocasiones. La importancia reside en el mundo interior y propio que cada escritor construye en si mismo.

Cuando cada escritor entiende que lo verdaderamente espléndido es él, en tanto que escritor y artista, podrá empezar a perfeccionar su obra con perseverancia y siempre, con nuevos intentos por hacerlo mejor siempre. Es un sueño de perfección con la palabra, que lo alcanzará si lo escrito lo deja vivir en paz.

En cuánto al ambiente òptimo para el ejercicio de la escritura, nos revela que el mejor espacio, para él, es un burdel. La tranquilidad, la paz y los placeres serán los mejores aliados. Con ello estaremos construyendo nuestras primeras “normas” individuales que rigen el oficio del escritor.

Un modelo de escritura no existe. El hacer haciendo es la manera en que empezamos a crear nuestro lenguaje y nuestros errores. Y es la objetividad, el argumento especial, para determinar si la obra realmente va por buen camino o no.

Para el autor, son tres los elementos con los cuáles se puede empezar una historia: la idea, el recuerdo y la imagen mental. Resalta que la música es el medio de expresión por excelencia, pero que la palabra es lo que ha escogido él para contar.

En cuanto a la funcionalidad de los críticos en el mundo de la escritura no les da mucho protagonismo, pues cree que el buen escritor no tiene tiempo para ellos y que simplemente debe seguir construyendo su obra.
Concluye con el objetivo central del escritor: «Detener la vida con las palabras y crear experiencia». (Yo estuve aquí).